'Star Trek: Discovery'. La grandeza de lo nuevo conocido.


Cuando Gene Roddenberry lanzó Star Trek al mundo, poco se podía imaginar lo que vendría después. Su intención era sencilla, mostrarnos un futuro utópico donde la humanidad había dejado atrás sus diferencias para salir al universo a explorar. La tripulación del U.S.S. Enterprise representaban los ideales de valor y moral a los que todos podíamos aspirar, y sus oficiales eran lo mejorcito que la humanidad podía ofrecer, sin importar su raza, origen o género. Más de medio siglo, cinco series de televisión, trece películas y un sinfín de cómics, novelas y fanfics han pasado desde entonces, y Star Trek está de nuevo de vuelta con una serie que tiene la tarea de actualizar y revisar los temas clásicos de la ficción creada por Roddenberry para el público moderno.

Star Trek: Discovery sabe muy bien donde están sus raíces y no tiene miedo de cuestionarse lo que los fans más acérrimos defenderán como su canon inquebrantable. Los dos primeros episodios están cargados de conflicto, tanto externo, en la forma de una amenaza Klingon muy en linea con la política aislacionista que se está imponiendo en el mundo actual, como interno en las relaciones personales del puente de la U.S.S. Shenzhou. La tripulación con la que nos encontramos no son ni tan perfectos, ni están carentes de emociones tan humanas como el miedo, la ira o el orgullo. Tenemos a una capitana, la maravillosa Michelle Yeoh, cuya fe en las directrices de la federación es puesta a prueba hasta sus últimas consecuencias, un oficial científico (Doug Jones, el inolvidable fauno de El Laberinto del Fauno) cuyo miedo a todo lo desconocido es tanto un mecanismo de supervivencia como una parte de su identidad cultural, y a una primera oficial criada en Vulcano que es víctima del orgullo en su propia capacidad y del odio que le ha dejado la muerte de sus padres a manos de los Klingon. Es esta última, interpretada por Sonequa Martin-Green, y no la tradicional figura del capitán, quien será la protagonista de la serie. 


La influencia de las últimas versiones fílmicas es evidente tanto en el diseño de producción (espectacular y cuidado al detalle, desde los uniformes hasta el renovado aspecto de los Klingon, pasando por los efectos especiales) como en la tendencia hacia la acción. No en vano Alex Kurtzman, guionista y productor de las dos películas dirigidas por J.J. Abrams, figura como co-creador junto a Bryan Fuller (quien abandonó el proyecto no sin su buena dosis de polémica) y productor ejecutivo. El uso de la acción seguramente será algo que escueza un poco a los fans más puristas. En una serie que se caracteriza por favorecer la diplomacia y la solución racional de conflictos, empezar con una batalla espacial entre la Federación y los Klingon es una poderosa declaración de intenciones. En un momento dado un tripulante de la Shenzhou se pregunta, con el rostro ensangrentado, por qué están luchando si ellos son exploradores, la misma pregunta que el espectador se podría hacer. La razón no es otra que las necesidades de la televisión moderna. 

Es esa misma razón la que ha provocado otro de los cambios más significativos que encontraremos en Discovery. Esta es la primera serie de Star Trek en abandonar la estructura episódica en favor de la serialización de una trama global para todos los episodios que componen su primera temporada. De hecho, los dos primeros episodios funcionan a modo de prólogo para mostrarnos el origen de Burnham, la primer oficial de Shenzhou, y lanzarla en su viaje personal. Con todo, Star Trek ha vuelto con fuerza a la televisión lista para satisfacer las exigencias del espectador moderno, sin olvidar los temas que la han convertido en un pilar de la cultura popular de medio mundo.

Me ha gustado:
-La profundidad con la que se representa a los Klingon. Ya no son simplemente los malos de turno si no que la serie parece tomarse la molestia en explicarnos sus motivaciones e incluso, por primera vez salvo en algunos episodios de La Nueva Generación, nos presenta una mirada a su cultura y diversidad. Ojalá hagan lo mismo con todas las razas que aparezcan en la serie.
-El aspecto visual y los efectos justifican el precio de 8 millones de dolares por episodio. Está casi al nivel de las películas.
-La relación entre la capitana Georgiou y la primera oficial Burnham y la crisis por la que pasan durante los dos primeros episodios, aunque no está falta de clichés, nos devuelve algo que se echaba de menos en la última película de Star Trek. Los personajes y sus interacciones llevan el peso de la trama.
-Muy fan del oficial científico Saru y de Doug Jones en general.
-T'Kuvma, el villano y líder del clan Klingon que quiere declararle la guerra a la Federación. Chris Obi hace un trabajo espectacular.

No me ha gustado:
-Hay momentos en los que el guión es un poco acartonado, no puedo dejar de preguntarme si la marcha de Bryan Fuller (Hannibal, American Gods) se notará a medida que avance la temporada. 
-CBS planea utilizar Star Trek Discovery como señuelo para atraer suscriptores a su plataforma de streaming. En un mercado cada vez más lleno de plataformas similares y con una oferta ya asentada, solo queda confiar en que esta limitación no impida que la serie encuentre su público.
-Sarek. Entiendo que es una forma de conectarlo al universo que ya conocemos, pero el padre de Spock parece estar un poco más de relleno que otra cosa. Además, ¿qué rollo fetichista se trae con los humanos? ¿Adopta a una niña humana por un lado y se zumba a una mujer de la Tierra por otro?

Qué estoy leyendo (edición especial): 'The Shadow of What Was Lost', de James Islington


Mi mujer y yo compartimos muchas cosas, he sido lo bastante afortunado como para encontrar a una persona con la que puedo ir a maratones de nocturnas del festival de cine de Sitges, ver la trilogía entera de El Señor de los Anillos una vez al año, y que tolera mis innumerables defectos. Una de las enfermedades pasiones que nos une es la de comprar libros. Nos encanta pasar tiempo en librerías, comentar los libros o cómics que encontramos y comprar juntos. Aquí en Barcelona tenemos especial debilidad por la librería Gigamesh y por el Mercat de Sant Antoni. Son los dos sitios de donde han salido la mayoría de libros que tenemos en casa. 

Cuando viajamos al extranjero, acostumbramos a buscar librerías guays para ir (algo así como el turismo sexual, pero sin gonorrea y habiendo de facturar maleta a la vuelta), tradición que surgió en Estocolmo cuando, en uno de nuestros primeros viajes como pareja, descubrimos la librería Science Fiction Bokhandeln. Es por eso que cuando Ana me dijo que tenía un congreso en Edimburgo a finales de agosto, lo primero que hice fue buscar librerías allí. Hicimos dos paradas, una en el Forbidden Planet (somos fans del de Londres, así que era parada obligada) y otra en la Blackwell's (la versión británica de La Casa del Libro). No voy a hacer listado de lo que compramos, pero valga decir que hemos comprado libros por encima de nuestras posibilidades. Uno de esos libros, del que no sabía nada antes de verlo en Blackwell's, es el que ocupa esta entrada. 

The Shadow of What Was Lost me llamó la atención por varios motivos. La portada es del estilo que me suele gustar a primera vista, el autor es Australiano (mi tercera patria) y además llevo ya tiempo queriendo leer más fantasía, tras años dedicado casi únicamente a la ciencia ficción. Mis últimos intentos de leer género fantástico me parece que han sido buenas elecciones (Ken Liu, Abercrombie, Erikson, Sapkowski...), maravillosos autores todos ellos con novelas muy bien escritas e historias apasionantes... que no me han atrapado tanto como esperaba (cosa que no quiere decir que no me hayan gustado, ojo). En cambio con esta novela lo estoy gozando como un enano. 

No es una novela extremadamente original, en realidad los tópicos que utiliza son bastante habituales dentro del género, pero en cambio tiene un cuidado especial con los detalles a la hora de introducirte en el mundo que construye. Cada personaje tiene su camino, un punto de misterio en su pasado (o presente) y evoluciona a medida que avanza la lectura. En especial me encanta el estilo de la narración, sin la pompa que se suele encontrar en este tipo de novelas. La narración es clara e inmersiva, algo que me produce una terrible envidia como autor.

En resumen, esta es una novela que debería estar en vuestro radar... o no, ¿qué sabré yo?

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